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lunes, octubre 24, 2011

Antropología en el metro


Observa neutralmente un ser humano
absorto en su minucia,
un joven ejemplar desconocido
de sexo diferente
que no pueda celar de tu escrutinio.

Intenta la abstracción, deconstruirlo,
no es más que piel y huesos, lo justo para un nicho.
Olvídate a ti mismo,
tu propia humanidad y tu cansancio
y asiste con pureza
al mayor espectáculo del mundo.

Observa la belleza de sus miembros;
tan delicadamente los músculos regulan
la grácil erección de la columna.
Sus ojos como lagos son perfectos,
registran distraídos volúmenes y espacios,
los símbolos y signos,
el vértigo voraz en estaciones.

Sus huellas acarician las texturas,
la barra de metal, el cuero del ropaje,
le aportan dimensión frente al entorno
-hay mito sexual, mas debes resistirlo.
Arriba su cerebro hecho de sueños
le guarda frente al miedo,
calibra la distancia de la muerte.

Las puertas se han abierto.
La última función del arte griego
se impulsa hacia la nada, hacia un torrente humano
concreto y societario, ahogado en intereses.
Y tú vuelves a ti, al rito personal…
Y no verás ya más a ese primate.

miércoles, septiembre 28, 2011

La última palabra



Tal vez hablen de ti cuando hayas muerto
anclándote a ese mal que ahora padeces,
terrible para ti, curioso para ellos,
o al lastre de tus obras, aunque nimias.

Los hijos de los hijos tal vez rocen
materia de tu mano, los vestigios:
un viejo manuscrito, el árbol pensativo
plantado en tu divorcio,
mecido en la distancia de sus noches.

Ellos devorarán tu desempeño
en esa forma impía tan humana:
aquí le sobró piedra, la historia avanza plana,
en esta pincelada anduvo incierto,
aquí pudo estirar más la metáfora...
En esas referencias vivirás
así el nombre insaciable vive al verbo
confinado a la escala de los grises.

Los nietos de los nietos llegarán
febriles por quemar todo pasado;
la última palabra sobre ti
será distraídamente pronunciada
como una luz de mástil
que sobra y que se apaga
y nunca más se enciende
y absorta permanece entre la calma.

Tal vez entonces sientas -si aún puedes sentir-
la gloria inconsistente de la nada,
tu pena disolviéndose en el alba.

viernes, agosto 26, 2011

Transiciones




Así como el herrero dobla el fuego
o el rastro hace brotar la lejanía.
Así como se pudre la utopía
o el niño mutilado aspira al juego

Así como la noche aboca en ruego
al prodigio atmosférico del día
o el canto de añoranza en demasía
conduce al amargor y al desapego

Así la transición de ti a la nada.
Del júbilo del mar al charco untoso,
del cielo irrebatible al aeropuerto.

¿A qué tanta terapia fracasada
si espera al cabo el símil más gravoso?
Así el gris transitar de vivo a muerto.

Ya vienen por la vera a desfosarte


La brisa rozará tus magros huesos
—ya vienen por la vera a desfosarte.
Fotografía en sepia y estandarte
exhumarán las guerras y los besos.

Reproches no hallarán, no eras de esos;
si acaso alguna rima que aliviarte
antes de combatir el bronco encarte:
esclavos o enemigos, nunca ilesos.

La muerte quiere llanto y ceremonia
a fin de volar lejos, satisfecha
y no anidar en cáncer de memoria.

¡Prepárate a salir, el pico acecha!
No digan que fue sueño aquella historia
y vuelva retorcida y contrahecha.

Marrakech


Salías a la noche abiertamente,
al ver de las barandas, al cremoso
umbral de las columnas de poniente,
a cuerpos de ultramar, hachís leñoso.

Novicia del placer, tu carne quieta
dolía de ofrecer vaciamiento,
lampaba el corazón de sed secreta:
ser llena hasta las puertas del aliento.

Tu hogar en tierra extraña un basto lecho.
El ticket a tu alma un duro pecho.
El fuel de tu aventura la grandeza

de llegar al final, a un indudable
olvido de ti misma en tu proeza:
mesar la permanente a lo mudable.

Pinos de Valsaín



Rumor de monte bajo en aguacero;
te ampara el roquedal, la senda espera
que vuelvas a pedirle compañera
condúceme al tranquilo abrevadero.

Verás el cielo abrirse al estandarte
del pico enharinado, la pradera
mugiendo queda atrás, pero a tu vera
pinos de Valsaín para escoltarte.

¡Encárate a la luz! Que tus escamas
convoquen todo el oro de este mundo,
que vuelen tus sentidos con el viento.

Y si lees los labios a las ramas,
su hexámetro marítimo y fecundo
será tu trascendencia, tu alimento.

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