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miércoles, septiembre 28, 2011

La última palabra



Tal vez hablen de ti cuando hayas muerto
anclándote a ese mal que ahora padeces,
terrible para ti, curioso para ellos,
o al lastre de tus obras, aunque nimias.

Los hijos de los hijos tal vez rocen
materia de tu mano, los vestigios:
un viejo manuscrito, el árbol pensativo
plantado en tu divorcio,
mecido en la distancia de sus noches.

Ellos devorarán tu desempeño
en esa forma impía tan humana:
aquí le sobró piedra, la historia avanza plana,
en esta pincelada anduvo incierto,
aquí pudo estirar más la metáfora...
En esas referencias vivirás
así el nombre insaciable vive al verbo
confinado a la escala de los grises.

Los nietos de los nietos llegarán
febriles por quemar todo pasado;
la última palabra sobre ti
será distraídamente pronunciada
como una luz de mástil
que sobra y que se apaga
y nunca más se enciende
y absorta permanece entre la calma.

Tal vez entonces sientas -si aún puedes sentir-
la gloria inconsistente de la nada,
tu pena disolviéndose en el alba.

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