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domingo, junio 26, 2016

Omertá

en los rincones agrios de la casa



No digas lo indecible.
Hay algo que no debe ser nombrado, es
más antiguo, más grande que nosotros, más oscuro; se acumula
en los rincones agrios de la casa, en los amarillentos retratos. 
Podemos callarlo juntos —si tú quieres—, hederlo
y escrutarnos los ojos después sin decir nada.


Vinieron especialistas del Estado a gestionarlo. 
Mostramos en silencio, nosotros, la familia, inofensivos. Era
complicado, dijeron,  incómodos en la cercanía de lo humano, 
evitando siempre cruzar nuestra mirada –el Estado—, sospechando…
Fue mejor callar.


¡Pero tú dices lo indecible, tocas lo intocable!  ¿Así pretendes
sobrevivir, ser  de provecho? ¿Quién va a significarse cuando caigas?
¿Quién, cuando pase de moda la verdad y tú vayas de auténtico y de puro?


Nadie. Calla y sálvate
porque a nadie le conmueve lo inaudito:  las palabras
indecibles de los otros, de nosotros, que retumban
en los rincones agrios de esta casa, 
en los amarillentos retratos.

sábado, junio 25, 2016

Mucho González, poco Ángel





Pidiendo ayuda a gritos en silencio
salía del poema hacia la calle.
Pausaba diez minutos en el atrio, así que remansara
la tensa inanición de la palabra.

La brisa del canal soplaba fresca.
Abría mis entrañas para olerla, sacaba un cigarrillo;
la noche transitaba sin esfuerzo, algún claxon lejano
manaba del rumor del universo.
Fumaba como un niño, libremente.

Tenía que decir mucho de ti.

De cómo desalojas la norma cuando pasas,
del mar de kriptonita en tus pupilas,
ese mohín cerval cuando calculas,
las trazas en idioma neardental si te ensimismas.

Tendría que decir, pero ya sabes
que hay mucho González, poco Ángel.

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