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miércoles, abril 09, 2014

Migración adolescente

Las fuentes de todo



No pude desovar.
Aquello era el mar y esto es un río
-recodos de deseo, orillas de cotillas compitiendo,
agrietado pulmón de nieve sometida.

Crecí contracorriente de la norma:
eficaz entre las piedras de los rápidos,
trabado en los remansos,
mordiendo mil anzuelos descarnados.

Y siempre las esclusas,
las adultas esclusas que guiaban
a las fuentes de todo, a la pureza -era mentira-
del fresco manadero en la montaña
donde brilla la esencia, la ráfaga suprema.

Perdido en un manglar de condiciones
cosí con hilo triste mis agallas
y me dejé llevar por la corriente,
la dulce y anónima corriente,
con otros peces chicos como yo
y obtuve algún destello al sol de mediodía
y el don de distinguir la luz del nylon.

Pero nunca conseguí volver al mar
-aquel rumor de playa en tarde eterna.

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