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domingo, junio 27, 2021

Huérfano, vagabundo, guerrero

 

El paso del arroyo la Chorranca






Extramuros del juicio, a cada paso

estrenabas calcinado derrotero.

Como huérfano abdicado, huías de principios y linajes.

Allá en irisación ardía la ciudad.

 

Abrazaste después, lejos de ella, la heráclita fe de las riberas.

Absorto como meteoro vagabundo, hollaste puentes

que unían las ideas de cambio eterno y de reflejo.

El rumor inagotable del río disipaba

la furia entre tus párpados. Los juncos

se arqueaban al fragor de la crecida. Comprendiste.

 

Al fondo de la senda, bajo el árbol,

brillantes de soledad, inevitables,

respiraban las armas sosegadas,

anunciando el ciclo agrio del guerrero.

Y aceptaste.


jueves, febrero 04, 2021

Después de tanto todo para nada (con Felipe Fuentes)

 



I Felipe Fuentes García
 

Entrégate al albor derramado en tu sombra
como quien, en ofrenda, se abraza a la espesura
para arder en el ápice de su pavesa pura;
como quien de su noche una luz desescombra.
 
Abandónate al cénit donde el alma se asombra
de desnudar el cuerpo de su palabra oscura:
la voz que se sublima ardiendo en la angostura
donde calla el olvido y la esperanza nombra.
 
Para que cuando un dios te libere de dueños
y esquirlas del sendero por donde el hombre anduvo,
adviertas el engaño de alojarte en los sueños.
 
Y si el páramo insiste en fingir alboradas,
valores realmente lo que al fin te sostuvo:
unos dóndes y cuándos, unos qués y unas nadas.
 
 
 

II Pablo Ibáñez
 

Tu vértigo en la luz, tu querencia a la sombra
son trazas de animal alerto en la espesura;
sediento de una vida, anclado a infancia pura
como arrasa una gota, o el aire desescombra.
 
Ya el día se desnuda, la claridad asombra,
y tú lamentas yerto un dios de noche oscura;
no hay calma ni razón que filtre la angostura
rocosa de tu alma. ¿Qué puede? ¿Quién la nombra?
 
Después de tanto orgullo, de tanto huir de dueños,
de dar fuego a las sendas donde el amor anduvo,
tanto teñir de odio el brillo de los sueños,
 
todo amanece negro, tiniebla de alboradas:
tu altiva ancianidad, la fe que te sostuvo,
los dones malgastados, los años hechos nadas.

jueves, enero 14, 2021

La llamada (con Felipe Fuentes García)


Hay enclaves, generalmente de la infancia, que resumen la raíz de las vivencias que quedan recogidas en nuestra memoria. Cuando desde lejos retornamos a ellos se produce en nosotros la llamada de la tierra, lo que nos atrae de la patria chica...


I    

Felipe Fuentes García

Todavía un reducto acaso
un reino al que volver se enciende 
en la memoria cuando asciende
su voz de enclave hasta mi paso.

Un latir que avizora, al raso,
el tiempo ido donde prende 
el corazón, que se suspende
de un renacer tras el ocaso.

Traen plegarias de heno y oro
aquellos dones compartidos,
salmos en cúspides de calma.

Como eco de azahar sonoro
aún sus frutos renacidos
ungen hoy la niñez del alma.



II 

Pablo Ibáñez

¿No llama siempre el mar acaso?
Sí, a esa playa donde prende
el salmo húmedo que asciende
al temblor viejo de mi paso.

¿No brilla oro en su aire raso?
Sí: la luz recuerda, enciende
un ardor niño que suspende
el lento viaje hacia el ocaso.

Reposa intacto mi tesoro
en arenales preteridos,
en olas que murmuran calma.

Libera su cincel sonoro
los manantiales renacidos
del agua de la vida: el alma.

martes, diciembre 29, 2020

Fuga de lebreles (con Felipe Fuentes García)

 

Escuchad cómo el viento
me llama galopando
para llevarme lejos.

Pablo Neruda


I

Felipe Fuentes García


Nunca el viento cegaba mi pupila
más allá de un fragoso remolino, 
turbio desecho, acaso, de corolas.

Hoy, golpeando sin piedad, me enfila
—a la grupa de otoño, en mi camino—
el aire en niebla hostil de rompeolas.

Siento un hosco latido que murmura
la desnudez de lo que habita al raso,
el solar transitivo del fracaso
que sueño y vida en su morir conjura.

Los lebreles que soplan se desatan
aullando a las afueras, pero ahora
oigo sus alaridos a deshora
y acucian su clamor y se arrebatan.




II

Pablo Ibáñez


Recuerdo el centro oscuro, su pupila,
el helado fragor del remolino,
la confusión de ovarios y corolas.

Recuerdo el huracán, la retahíla
de piedras revolando en el camino.
El dilema entre calma y rompeolas.

Hoy silva libertad cuando murmura
otro viento, que va llevando al raso
las dudas limitantes del fracaso,
mientras revive el alma y se conjura

con lebreles en fuga que desatan
sus ansias en el alba: es la hora
de mi ascenso a esa luz, la que atesora
las vidas que mis muertes arrebatan.

lunes, diciembre 21, 2020

Máscara y mandorla


Paseo de los tilos en Segovia







He aquí la verdad: hacer las máscaras
Jaime Sabines






De manera oblicua nace el verso. Nada
parece convocarlo en esta esquina de la tarde. Sólo
un airear de mirlos acaricia la cruz del campanario
bañado en sol menguante, entre la calma.
En el horizonte final sueña la sierra.


Yo creo que es una ráfaga sistólica que atiende, aleatoria,
la presencia de algún hilo de belleza, y humedece
con sangre una cámara mustia del cerebro. Un mecanismo
de ley de conservación prueba caminos:
Te falta paz, tesoro…
Vivirías mejor en la luz cálida que vemos…
Activando la cámara de fábulas…
Tal vez su dulce producto de palabras te convenza…


¿Y qué pueden registrar las palabras seductoras?
Joder, ¿que no tenía monedas sueltas para el parking?
No. Las mandorlas vacías no hacen templo. Mejor la máscara:
un álamo vertical escoltaba mi descenso,
las luces urbanas intimaban sobre el barrio recogido,
una pareja madura consumía silenciosa su paseo.


Y era tan verdad aquella máscara creada
como el mundo, la mandorla.

viernes, diciembre 04, 2020

Mi vergüenza

Suzanne Vega, Luka. 1987






La vergüenza es un sentimiento revolucionario
Karl Marx

Mi vergüenza es tan grande como mi cuerpo,
pero aunque tuviese el tamaño de la tierra
no podría volver
Antonio Gamoneda



Yo era joven, había guerra lejos.
El Gobierno envió tropas, soldados jóvenes y pálidos
con menos privilegios que los míos.
Y había una muchacha muy guapa y progresista
que no se impresionaba fácilmente.


Había calimocho y marihuana,
había una gran marcha de protesta:
todos juntos en el sueño de inocencia fácil de las masas.
Y había un policía joven y nervioso
con menos privilegios que los nuestros
—universidad, comida y cama gratis, bromas gratis,
Levi´s rotos, vinilos y poemas
rebosantes de rabia de juguete—.


Y alguien muy valiente lanzó desde la masa
un adoquín al casco de aquel joven policía.
Volvió, a punto de caer, su rostro confundido, reflejaba
el miedo a la injusticia, al colectivo en poder del privilegio.
Y yo también entonces coreé, junto con otros:
¡ETA mátalo!


Mi vergüenza.
Mi vergüenza es tan grande como mi cuerpo,
pero aunque tuviese el tamaño de la tierra,
no podría volver
y callar.





jueves, diciembre 03, 2020

Otoño (con Felipe Fuentes García)

 

Tenaz demolición




I

Felipe Fuentes García

Tenaz demolición. ¿De dónde aflora,
de qué noviembre acaso, este lamento
de luz agazapada, desaliento
equinoccial que en vilo la devora?

Late el rumor, y mi bajel se escora.
En jirones las velas con el viento,
¿sobre qué boreal deshacimiento
ciñe a mi rumbo el devenir ahora?

Urde mi pecho hilados de la bruma
a sorbos de vellón. Y estremecido
seno abrasado de afiladas calmas,

espera aún en esquivez de espuma
que no lo limpien con su alud de olvido
hoy los plumeros arduos de las palmas.


II

Pablo Ibáñez

Hojas sobre mi vida, tarde aflora
un brote juvenil. En mi lamento
batallan primavera y desaliento
por luz de mí, y el tiempo la devora.

Al pairo va la nave: cruje, escora,
y un rumor de naufragios en el viento
anuncia depresión, deshacimiento…
¿Cuánto otoño? ¿Qué yo para este ahora?

Eones de llovizna, helor y bruma,
pudren mi devenir estremecido,
hastiado de tormentas y de calmas.

Pero ten por seguro que habrá espuma
con nueva ola de vida, mar de olvido:
yo veré luz de estío entre las palmas.


domingo, mayo 24, 2020

Ababol (con Felipe Fuentes García)



I

Ascendimos la senda que culmina
en los airosos campos de amapola;
éramos tú y yo, más la aureola
templada de la tarde alejandrina.

Cosechaste una flor, y en la ambarina
luz bailaron tu risa y su corola:
su tinto corazón, que tornasola
la lumbre de una rosa sin espina.

Mordiste el tallo humilde, yo tu boca,
como alberga un adicto adormidera,
como sueña la brisa entre las ramas…

¡Amor de juventud, locura loca!
¡Amapola fugaz de primavera!
¿Por qué duran rescoldos de tus llamas?


II

Sangran los campos en sazón. Culmina
la abierta desnudez de la amapola
un hilo de humildad con aureola
de sutil filigrana alejandrina.

Tanteo su rubor. El aire afina
en oros de soslayo la corola
y un vitral de carmín se tornasola
en intensa punzada sin espina.

Mi corazón vivificado evoca
bajo el árbol sumido en la vidriera
ternuras de simientes de otras ramas.

Y alza el vuelo con ella, que se aloca,
al sonrojo frutal de primavera,
como una abeja encadenada en llamas.



NOTA: soneto I por  Pablo Ibáñez, soneto II por Felipe Fuentes García.

jueves, abril 16, 2020

Especulación moral sobre el rey Alfonso II, primer peregrino a Santiago

Pórtico de la Gloria, en Santiago de Compostela


Favila, rey de Asturias, hijo de D. Pelayo, antes de morir a manos de un oso en 739, dejó encinta a su mujer. Froiluba dio a luz un niño y le puso por nombre Pelayo, en un intento de recuperar la grandeza de su abuelo. Por dudas de bastardía y el descrédito de Favila, el niño fue criado en ostracismo e invalidado para el trono. Y para la Historia.
El rey Alfonso II (760-842), llamado el Casto, casó con la princesa Berta de Francia, pero jamás yació con ella, ni con ninguna otra mujer, y murió sin descendencia. En 777, Pelayo, de 38 años, mantuvo un intenso romance con su sobrino Alfonso, de 17. Debido al escándalo en la corte asturiana, Pelayo fue expulsado del reino por corruptor de príncipes. Antes de exilarse, le dijo a Alfonso que vagaría por Galicia siguiendo el rastro místico de Prisciliano, hereje del s. IV, adalid de la libertad y el amor. Le prometió que le haría saber el final de su viaje
.

Jair Ibn Marjal. Mandorlas vacías. Ediciones Llovaina.


• En el año 813, un ermitaño de rito bretón llamado Pelagio comunica a Teodomiro, obispo de Iria Flavia, que en el bosque de su diócesis llamado Libredón se ven unas luces extrañas. El obispo referirá después al rey Alfonso II el Casto que, buscando el origen de las luces, halló un sepulcro, que no duda en atribuir inmediatamente al apóstol Santiago. La noticia se hace oficial con el papa León III.
• Alfonso II es considerado el primer peregrino e inauguró el camino jacobeo primitivo, que parte desde Oviedo.
• En el año 1900, el hagiógrafo Louis Duchesne publica en la revista de Toulouse Annales du Midí un artículo bajo el título «Saint Jacques en Galice», en el que sugiere que el que realmente está enterrado en Compostela es Prisciliano, basándose en el viaje que sus discípulos hicieron con los restos mortales del hereje hasta su tierra natal. Posteriormente, Sánchez-Albornoz y Unamuno se hacen eco de esta hipótesis, que ha pasado a convertirse en una hipótesis muy popular, alternativa a la tradición católica.


Wikipedia, en la entrada “Prisciliano”


Quiero desatar y quiero ser desatado.
Quiero salvar y quiero ser salvado.
Quiero ser engendrado.
Quiero cantar; cantad todos.
Quiero llorar: golpead vuestros pechos.
Quiero adornar y quiero ser adornado.
Soy lámpara para ti, que me ves.
Soy puerta para ti, que llamas a ella.
Tú ves lo que hago. No lo menciones.
La Palabra engañó a todos, pero yo no fui
completamente engañado.


Himno a Jesucristo, atribuido a Prisciliano.



¿Has venido, Alfonso, a lamer lápidas negras de una tumba?
¿O has venido, peregrino del recuerdo, a salvar y ser salvado?
Brillaron noches largas en el bosque, luces limpias
precursoras de un nuevo éxodo de almas:
un clamor de Cristiandad damnificada
fecundando este confín leñoso de la tierra.

¿Has venido a pedir perdón a los distintos?
Mi padre Favila, Prisciliano, el mismo Santiago Boanerges,
se consumieron en las llamas de la sombra
atizadas por nobles y santones. Exilados, como yo,
hasta los límites del odio hacia sí mismos. Y eran hombres
abiertos al amor, como nosotros —¿te acuerdas de nosotros?—,
crucificados en sus cuerpos desde niños,
engañados en la sugestiva crepitación de la Palabra.

Pero ahora tú eres rey, y yo un anciano,
y has venido a mí sin que yo te haya llamado.
Tú, relamido en adulación de cortesanos, casto y pío,
azote despiadado de morisma, héroe y guerrero, 
ocultas tu gentil inclinación hasta a ti mismo
para no ser expulsado de los libros.
¿Has venido a que un apóstol te libere de tu asco?


He venido, Pelayo, con toda la humildad que da mi rango,
a validar la nueva epifanía, a ser testigo.
Tú puedes rebozarte en tu cinismo, protestar
cobijado por el manto del vasallo, cuyas tesis
pesan lo mismo que la lluvia sobre el río.
Puedes condenar mi cobardía del pasado —¿qué iba a hacer
con diecisiete tiernos años, diecisiete cilicios de precepto
clavados en mi voluntad y mi deseo?—.
Y yo, que soy tu rey, puedo prenderte,
calcinar el bosque Libredón, destruir esta tumba sin leyenda,
acusarte de hereje y enterrar el legado que defiendes.

O podemos cambiar con nuestros actos la vida indiferente.

Tal vez, Pelayo, este lugar remoto y mágico, salvaje,
se convierta en un imán de perfección para las gentes. Santiago, Prisciliano…
¡qué más da!, si la disposición de las almas tras el viaje
se ilumina, abierta y transparente; y más allá de columnas y de cálices,
lo sagrado adoptase como templo al propio hombre
—noble o plebeyo, puerta o lámpara—,
consciente de sí mismo en el camino
y de los otros cuando arriben todos juntos al destino.


Sea, por el bien del reino, como dices, Rey Alfonso.
Vengan pues los cercanos a Dios y los perdidos,
aquellos que anhelan redención y los que buscan.
Porque el espíritu que habita este sepulcro,
erigido y olvidado en los confines de la tierra,
sabrá la sanación que cada uno necesita: penitencia o alegría,
bullicio o soledad, luz o tiniebla, esperanza tras la muerte
o serena convicción de no esperar nada ni nadie.

Y ahora, Alfonso, abrázame, entra en mi choza
como tantos otros entrarán mañana en la indulgencia,
y cumple tu ambición de peregrino del amor. A eso has venido.

Extorsión

La grande prostituta di Babilonia. Arazzo del Castello di Angers s.XIV


Huellas de hombre se acumulan sobre ti. Tallos calientes
ansían tu receptáculo aceitado. Ejerces
la encarnación de un deseo profiláctico, el comercio
babilónico y furtivo de simiente, la paz laxa de Eva
y la jugosa fricción de la serpiente. Eres barata.

Sólo roza el silencio del páramo en la noche
el murmullo rutinario de clientes, una luz
titila macilenta en tus montículos: son tú
y son tu efímera herramienta, el campo de extorsión —sube a tu celda;
hay otros prisioneros como tú, que te penetran—.

La última descarga de la noche está en tu carne. Por fin sola,
el velo de la madrugada se despliega, ajeno a todo, por la estancia,
y revela los despojos de la máscara: los trozos de tu cuerpo
amoratados y sucios entre sábanas.

Una pena de viuda recental llena tu alma.

martes, marzo 17, 2020

Después de una semana calurosa








Después de una semana calurosa, hubo viento de tormenta.
Las retamas entregaron su polvo de milenios y el camino
de la playa se inundó de aliento a tiza acre. Al horizonte,
nubes negras dirimían con el mar una contienda.


Perdonas cuando olvidas…— te decías, descalza sobre arena,
y unas lágrimas huían de tus córneas lijadas por esquirlas de memoria,
licuando las gaviotas reidoras del aire acantilado,
evaporándose en orgullo de párpados violentos.


Olvidas si perdonas…—corregías, olas aclaraban tus tobillos,
y una rabia virginal te enrojecía las mejillas,
y aguzaba en tu boca un dejo a engaño, salobre y portuario,
que tragabas groseramente entre saliva.


Ni olvidas ni perdonas— concluiste, al perezoso
rumor de un trueno atlántico, lejano,
y una media sonrisa hacia ti misma
iluminó la playa entera.


lunes, enero 06, 2020

Si la luz cediera

Rey Skywalker




¿Qué harías si al partir la luz cediera?
¿O en alta mar, oscuro pasajero,
desarbola tu nave un aguacero
y seca la esperanza de tu espera?

¿Y si la noche nunca amaneciera?
¿Si errasen: el instinto de farero,
las estrellas, tu fe de marinero,
y huyese luna nueva traicionera?

Aún sería útil esta llama
que arde en mi interior —¡amado fuego!—,
alumbrando una ruta alternativa.


¿Y si pudre ese ardor y ya no inflama?
Siempre me queda el mar, el dulce juego
de la espuma brillando a la deriva.


(Audio recitado por Hallie Hernández Alfaro)


miércoles, septiembre 25, 2019

Enfría el cráter

Jennifer Aniston en FRIENDS


Audio




En ti ardían venenos arteriales, odio líquido,
como cráter lavando tierras vírgenes.
Aducías volcánicas razones para ello: cicatrices
tras un seísmo de turbia adolescencia.
Latían tus sienes en la paz con injusticia, tus pétreos
maxilares quebrantaban los debates ideológicos.
Cataclismo coherente, pregonabas, y tu vértice
giraba en torno a putas y sustancias indolentes.
Y se fueron desplegando años como nubes:
absortos y fríos, livianos de sentido, trasparentes, y llovió
una calma fina y persistente —esperma de dócil erupción,
matrimonio, hijos sanos, sillón de funcionario de partido—,
secando tu dorada lava en convenciones.
En el borde del cráter frío de tu vida nació entonces
una hebra simple y vegetal, verde y brillante.




domingo, septiembre 15, 2019

Tus labios y la roca




a la memoria de Blanca Fdez. Ochoa


Roca: lava que labró su ascenso a un imposible
cielo, allá cuando las eras del génesis sin guía.
Craqueada, endurecida después entre lenguas de glaciares,
olvidada por milenios del beso de la vida
en un pinar baldío de alta sierra,
acunada por las brisas de luna de los veranos de tu infancia.


¿Y tus labios? Olvidados del tacto de la suerte
y la memoria de ameba del Estado —puto padre—;
continuamente alerta en la pureza del litio
y en el potro de rabia de la fama.


Besaste la roca y en ella descansó, por fin, tu espalda.
Con ella se fundió tu alma blanca.



sábado, agosto 24, 2019

Enrique Urquijo, una sentencia

https://www.youtube.com/watch?v=pNiERPFlTBs




I
Una diagonal de farolas amarillas zigzaguea.
Una papelina yace hollada sobre la calle polvorienta.
Tibias columnas resguardan una sombra marfileña.
Manos temblorosas, palabras graves: la sentencia.


II
Un parque dormita, inhabitado; un estanque
arrulla palomas oníricas, cisnes atenazados de belleza.
Te inyectas amor, te llama el agua
con sus brillos caleidoscópicos, helados:
entra y muere,
o vive padre y noble, en tu vacío lleno de tristeza.


III
Muchedumbres de rasgos polimórficos inundan las aceras.
Mil voces diferentes, mil bares de copas, mil embustes,
y sólo libre un portal para nacer,
y un dorso de neón desvelando intermitente
tu sentencia.

domingo, junio 23, 2019

Oscuro

https://www.youtube.com/watch?v=1T1VwDQlvd4
Fangoria


Oscuro: socavas los puentes que hacen río
y añoras en soberbia la otra orilla. Viertes
ponzoña gris en los acuíferos del alma. Solo,
bebes miedo con furor. Eso es muy fácil.


No hay mérito: demandas salvación
al numen-privilegio que proyectas con tu fuego,
y odias su cavernosa indiferencia. Tú no crees
en nada, salvo en la negra ensoñación devastadora
y en lágrimas reptiles. Y lloras porque es cómodo.


Juzgas y condenas desde tu cáustica atalaya,
pero tus hechos, tus facciones, son de hiena resentida. Exiges
rectitud en la senda de labor de los demás,
pero excavas trampas de emoción alrededor de tu desidia.
Manipulas a los sanos porque es fácil.


Oscuro: tu vida está podrida por tu culpa, sólo
puede saciarte la demencia.


viernes, mayo 31, 2019

Invitación al Jardín de los Reyes

Alfonso I, Favila y Pelayo, en el Jardín de los Reyes Caudillos, Oviedo




Penetrarás el jardín de los reyes, ciudadano,
cubierto por la sombra córvida del templo. 
                                                           Todo allí es 
humedad fría, excremento de paloma,
piedra calando, acuchillada por hoces de posguerra.


Los caudillos te examinarán 
como lápidas ciegas en la niebla,
dirimiendo en sus bocas harinosas hollín de combustible.
Oirás, según vibre tu alma, ciudadano,
los ecos de una absurda leyenda sobre nada:
una monarquía pueblerina y olvidada; o bien 
una sorda condensación de tu linaje:
el origen de una patria maltrecha y vigorosa.


Verás, según vibre tu alma 
—cuando la tarde despliegue su capricho por los muros,
y una luz de polvo y mandarina delimite 
proporciones cambiantes de los miembros—,
estatuaria de senado latino, o bien tiránica, 
solemne como muerto recental, o cómica amenaza,
que mueve a sorna, o bien alumbra trascendencia. 


Según te vibre el alma, ciudadano:
jardín de reyes o circo republicano. 
                                                  Es 
                                                  igual.


viernes, mayo 24, 2019

Nordés













Nordés: la playa consiente y rememora.
Basta un jirón de nube blanca en la distancia,
basta el mullir de arena fría bajo lámina salada
y el trizar sordo y cremoso de las olas
para darte vida nueva, clave y patria.


No es sólo nuestro nombre para el viento, es
también un nombre nuestro para el alma.


Nordés: el sol como la seda en las banderas.
Basta que conectes tus entrañas al salitre de la barca,
basta entregar tu cuerpo antiguo al verde atlántico del agua
y al rumor de roca fresca de la brisa
para darte infancia nueva, luz y madre.


No es sólo un nombre nuestro para el viento, es
también nuestro nombre para el alma.






sábado, mayo 18, 2019

Acaricias lo justo y necesario







Asciendes al desván de la heredad, el tiempo cruje.
Voraces de memoria, violentan tu mirada
fotografías azules de posguerra: ya están muertos
los que sonríen desde el pueblo de tu infancia.


Acaricias el polvo de las caras, los nombres
menudos de los niños, trazados a pluma estilográfica.
Acaricias la fuente de la plaza, la nieve gris, el río, lees
el año detenido en las solapas.


Otras serán de junio: acaricias
los carros de hierba adormilados,
la tarde laboriosa, el olor a sol picante de la siega,
el castaño legendario, las costillas parsimoniosas de los bueyes.
Allá, entregada al viento, acaricias la pared solemne, el cementerio.


Y más lejos, cerrando la puerta de la iglesia, don Aurelio,
subido en su mueca de amargura, su sotana. Y acaricias
                                                                                  la piel del odio,
fresco como entonces,
y justo y necesario, como entonces.

Esperando al amigo

Black, Wonderful life, 1987






Esperabas al amigo, con tu traje de Batman, sentado a los rumores de la fuente.
Cabezudos y gigantes danzaban en la plaza soleada;
la brisa trasportaba bullicios de la fiesta, umbral de primavera,
olor de algodón de azúcar, palomitas,
el hálito industrial del tragafuegos.


Mirabas serio tu reloj, señor oscuro, y ya tardaba mucho.
Pasaban chicas y cervezas, disfraces y máscaras, risas que se iban alejando.
La vida, tal vez —extraño joker—,
le había destinado, justo entonces, algún tropiezo impredecible.
Quizá hubiera atasco por la feria, o quizá —Dios no lo quiera—,
un siniestro incidente había demorado su existencia.


Pasaron zancudos y payasos, caballeros y damas medievales,
zombis ofuscados entre kétchup y drag queens. Pocahontas y Quevedo.
Tal vez… Un accidente... Pisó sin querer su negra capa… La máscara del héroe le cegaba…
Llamaría pronto el SAMUR… Tu número sería su último contacto.
Pasaban arlequines venecianos, brasileñas en tanga, lord Voldemort, Pikachu,
piratas tuertos y princesas, el profe de Pink Floyd y Maradona.


Pensabas: me llevarán al hospital con estas pintas,
habrá que identificar al pobre Robin, aportar explicaciones:
le esperaba, queríamos desfilar en Carnaval, hablamos por el móvil normalmente…
Los doctores escrutarán mi disfraz de arriba abajo, molestos por lo absurdo,
saturados de comas etílicos y abusos de pastillas,
suspirando impacientes por las dobles jornadas, los recortes…
Pasaron Rihanna y Lady Gaga.
Y luego el tanatorio, la familia. ¿Por fin podré cambiarme?
Qué desgracia… Toda la vida por delante…


Pasaron Thor, Superman y Hulk —la masa—,
y detrás venía Robin, corriendo y resoplando, avergonzado,
una disculpa cubriéndole la máscara.

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