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jueves, abril 16, 2020

Extorsión

La grande prostituta di Babilonia. Arazzo del Castello di Angers s.XIV


Huellas de hombre se acumulan sobre ti. Tallos calientes
ansían tu receptáculo aceitado. Ejerces
la encarnación de un deseo profiláctico, el comercio
babilónico y furtivo de simiente, la paz laxa de Eva
y la jugosa fricción de la serpiente. Eres barata.

Sólo roza el silencio del páramo en la noche
el murmullo rutinario de clientes, una luz
titila macilenta en tus montículos: son tú
y son tu efímera herramienta, el campo de extorsión —sube a tu celda;
hay otros prisioneros como tú, que te penetran—.

La última descarga de la noche está en tu carne. Por fin sola,
el velo de la madrugada se despliega, ajeno a todo, por la estancia,
y revela los despojos de la máscara: los trozos de tu cuerpo
amoratados y sucios entre sábanas.

Una pena de viuda recental llena tu alma.

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