Páginas vistas en total

martes, octubre 22, 2019

La herencia

Scarlett Johansson  Lost in Traslation



Has tocado —herrumbre fría— la cancela.
Llueve abandono al jardín tras la verja,
las ruinas del cenador
aloman la enredadera.
Tiembla en tus manos la herencia.


Padre abría cada tarde el portón al sol poniente.
Oteabas la cálida planicie, la brisa del serrallo trasportaba
el rumor lejano y gris del autopista. Reunías
—bufando de odio juvenil— la siega fragante en balagares,
y luego te sentabas, por fin, a fumar al frescor de las arcadas,
ensimismando tu vida al horizonte, imaginando
negocios increíbles, ciudades prodigiosas, amores corsarios.


El día de la insurrección, como tormenta,
no acataste el imperativo de la tierra.
Querías libertad, ansiabas mundo, te ahogabas en estiércol…
Madre sollozaba silenciosa, camino de la iglesia. Padre
rumiaba y maldecía, sus ojos encrespados de pueblo y de vergüenza.
Y abrazaste el viaje, la fiebre de la ida,
el fulgor de las ventanas de los trenes,
el anónimo tropel  de la ciudad: su alma mestiza y numerosa.


Vino después un largo tiempo de auges y caídas.
Quiebras y opulencias alternándose, fiestas y sustancias y mujeres.
El olor a fruta rota del burdel, el brillo empedernido del dinero,
la húmeda paz del calabozo... La vida
presentando su rara ensoñación, su amorfa belleza submarina;
ocultando sus signos, su sentido, sus reglas paradójicas y estrechas.


Hasta hoy, cuando vuelves y tocas —herrumbre fría— la cancela
y tiembla en tus manos la herencia. Y entras, solo,
a las sombras hipnotizadas de la casa, cubiertas de fantasmas.
Los trofeos de caza te arrojan su escrutinio
de ojos y cuernos y pelaje macilento. Los muebles en silencio
conservan su afán utilitario; su olor a polvo y monasterio
sacude tu memoria y tu equilibrio. Te duele respirar.


Y miras hacia arriba, a la puerta aniñada de tu estancia.
Y van envejeciendo tus pies las escaleras
y van enmoheciendo tus dedos la baranda.

martes, octubre 01, 2019

Intro Nocturno

Laura Dern. Wild at heart


La ciudad penetra inanimada el desierto de la noche; tú
has salido a beber silencio entre la sombra.
Crece una niebla dulce junto al río, se condensa en los labios
y en el pálido rumor de la corriente; caminas
sin rumbo definido, sin alguien que te piense, sin problemas.


Unas hojas manuscritas bailan en la brisa sobre el puente:
se arremolinan temblando, húmedas como fragua de nostalgia
se rozan y dispersan. Tú sabes leer y tienes manos,
sabes algo de música en las letras,
sabes algo de símbolos extraños.


La tarde anaranjada de la alberca— breve azar, se ha aparecido
entre helor de niebla y noche, en una línea
de una de las hojas tiradas en el puente sobre el río.
Tú lo lees, y ves la tarde de la alberca, y ves al niño.


Doradas en la barca al mediodía— brillando a la luz de una farola,
como lascas de sol que proyectaban persianas de la infancia.
Su cuerpo a los jardines de neón — en otra hoja, y la memoria
decide flaquear, huir con la distancia. Tú lo sabes:
el olvido parcial precede al símbolo.


Palabras como muertes, que halaba con ojos muy abiertos… —han volado
las hojas hacia el resto de la noche
y la niebla se condensa ahora en tu cansancio. Es
la hora de volver.

miércoles, septiembre 25, 2019

Enfría el cráter

Jennifer Aniston en FRIENDS

https://drive.google.com/open?id=1gTdelF_vZWJWtZXY7Sk5ehWxB7lDhGbN
 



En ti ardían venenos arteriales, odio líquido,
como cráter lavando tierras vírgenes.
Aducías volcánicas razones para ello: cicatrices
tras un seísmo de turbia adolescencia.
 
Latían tus sienes en la paz con injusticia, tus pétreos
maxilares quebrantaban los debates ideológicos.
Cataclismo coherente, pregonabas, y tu vértice
giraba en torno a putas y sustancias indolentes.
 
Y se fueron desplegando años como nubes:
absortos y fríos, livianos de sentido, trasparentes, y llovió
una calma fina y persistente —esperma de dócil erupción,
matrimonio, hijos sanos, sillón de funcionario de partido—,
secando tu dorada lava en convenciones.
 
En el borde del cráter frío de tu vida nació entonces
una hebra simple y vegetal, verde y brillante.




domingo, septiembre 15, 2019

Tus labios y la roca




a la memoria de Blanca Fdez. Ochoa


Roca: lava que labró su ascenso a un imposible
cielo, allá cuando las eras del génesis sin guía.
Craqueada, endurecida después entre lenguas de glaciares,
olvidada por milenios del beso de la vida
en un pinar baldío de alta sierra,
acunada por las brisas de luna de los veranos de tu infancia.


¿Y tus labios? Olvidados del tacto de la suerte
y la memoria de ameba del Estado —puto padre—;
continuamente alerta en la pureza del litio
y en el potro de rabia de la fama.


Besaste la roca y en ella descansó, por fin, tu espalda.
Con ella se fundió tu alma blanca.



sábado, agosto 24, 2019

Enrique Urquijo, una sentencia

https://www.youtube.com/watch?v=pNiERPFlTBs




I
Una diagonal de farolas amarillas zigzaguea.
Una papelina yace hollada sobre la calle polvorienta.
Tibias columnas resguardan una sombra marfileña.
Manos temblorosas, palabras graves: la sentencia.


II
Un parque dormita, inhabitado; un estanque
arrulla palomas oníricas, cisnes atenazados de belleza.
Te inyectas amor, te llama el agua
con sus brillos caleidoscópicos, helados:
entra y muere,
o vive padre y noble, en tu vacío lleno de tristeza.


III
Muchedumbres de rasgos polimórficos inundan las aceras.
Mil voces diferentes, mil bares de copas, mil embustes,
y sólo libre un portal para nacer,
y un dorso de neón desvelando intermitente
tu sentencia.

martes, agosto 06, 2019

Después de una semana calurosa







Después de una semana calurosa, hubo viento de tormenta.
Las retamas entregaron su polvo de milenios y el camino
de la playa se inundó de aliento a tiza acre. Al horizonte,
nubes negras dirimían con el mar una contienda.


Perdonas cuando olvidas…— te decías, descalza sobre arena,
y unas lágrimas huían de tus córneas lijadas por esquirlas de memoria,
licuando las gaviotas reidoras del aire acantilado,
evaporándose en orgullo de párpados violentos.


Olvidas si perdonas…—corregías, olas aclaraban tus tobillos,
y una rabia virginal te enrojecía las mejillas,
y aguzaba en tu boca un dejo a engaño, salobre y portuario,
que tragabas groseramente entre saliva.


Ni olvidas ni perdonas— concluiste, al perezoso
rumor de un trueno atlántico, lejano,
y una media sonrisa hacia ti misma iluminó la playa entera.

lunes, junio 24, 2019

Un esplín de verano



Recorríamos el pantalán cada mañana.
El agua gorjeaba la madera con brillos de sol, manchas de aceite.
Las muchachas lucían frescas y animosas; cuchicheos
sofocados en la brisa de poniente. Cuerpos tersos
al límite de la edad de la inocencia.
Éramos jóvenes: muy serio yo, ella risueña.


Olía a junio entrado. Se estiraba al cazar la botavara,
muy cerca, rozando con su ropa pequeña el universo:
pantalón de blanco corto, apenas una lámina de harina,
blusa de rayas marineras, esculpida por la humedad en el ombligo,
su limpia coleta acastañada, henchida de viento y de salitre.
Aquella dolorosa erección me extenuaba.


Fondeábamos en la Isleta del Fragor para bañarnos;
había una playa limpísima, dorada, las muchachas se quedaban en biquini
—ajustaban las costuras premiosa, ingenuamente,
después de desplumarse las prendas superiores—
y se lanzaban por la borda brillantes como peces, entre risas. Yo esperaba
porque nadie notara mi turgencia; oscuro me alejaba
nadando hasta una cala en sombra y, al hacer pie,
por fin aliviaba un placer doloroso bajo el agua,
oyendo su voz alegre en la distancia.


Esplín de verano: la memoria remota sigue útil
para los días vividos de verdad, pero no pienses
tendría que haber hecho esto o lo otro…
Queda menos: recuerda sólo el brillo, y vive ahora.

Archivo del blog

Seguidores