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domingo, agosto 07, 2016

El abrazo de la Nada




https://drive.google.com/file/d/1xz0XaVhEGbiZGrTSkAOaRF9AXcAwnZr-/view?usp=sharing


Cruza el eucaliptal a pleno duelo
en una tarde estática en verano,
dócilmente la urna de tu mano
a las dunas, al mar curvado al cielo.


Inclínate en la arena, no haya prisa
—rodillas como pétalos se ofrezcan,
mejillas como auroras resplandezcan—
y añade mis cenizas a la brisa.


Gritará eternidad una gaviota
al ocaso encendido y el relente
hará de prologuista a la Gran Hada:


la Noche. Mas no abraces tal derrota,
abraza la caricia del potente
y amable contenido de la Nada.

jueves, julio 28, 2016

Pozu de carbón


https://drive.google.com/file/d/1yup2C6hS-PYeKdfDdScjjoJ5rTU44CvX/view?usp=sharing



a Isabel Moncayo 



N'Asturianu 

La ponte de madera, tras el monte 
tu pueblu ente maízu, mi caballu 
bufía la nebluca del carbayu 
y el sol llambía'l ríu al horizonte. 

Mirábanme llegando namoráu 
y abríen les ventanes, y les cortes 
tornábanse glayar, y a tantu glayu 
brotaben tus sonrises como flores. 

¡Fuxir de mocedá!, que fácil daste 
pa llueu amayucar les alegríes 
y da-y fueu al prau donde fozaste... 

¿Pa qué marchaste a Uviéu? ¿Qué queríes 
que nun l'hubiere equí? Y equí dexaste 
un pozu de carbón: les penes míes. 


En Castellano 

El puente de madera, tras el monte 
tu pueblo entre maizales, mi caballo 
bufaba la neblina del carvallo 
y el sol lamía el río al horizonte. 

Me miraban llegar enamorado 
y abrían las ventanas, y las cortes 
tornaban a mugir, y a ese reclamo 
brotaban tus sonrisas como flores. 

¡Huir de juventud! Amor brindaste 
para luego mustiar las alegrías 
y darle fuego al prado en que te hozaste... 

¿Por qué te fuiste a Oviedo? ¿Qué querías 
que no lo hubiera aquí? Y aquí dejaste 
un pozo de carbón: las penas mías.

sábado, julio 02, 2016

Tu parte más salvaje



https://drive.google.com/file/d/1gZk-GHXj8_p8m0Q7uGBzPe6IwJTDUQ9_/view?usp=sharing


Tu parte más sensible tremendamente expuesta.
Víctor F. Mallada

En esa extraña paz tras un concierto
caminamos la noche por las calles
bulliciosas y tibias, los detalles
de tu cuerpo lamían el abierto

aire cosmopolita; una densa
ambición de placer desinhibía
tu parte más salvaje -parecía
tremendamente fresca, joven, tersa...

Los días han huido. La ciudad
agoniza de orden; tus quehaceres
consumen el frescor que aún pervive.

Te queda la ficción de toda edad
para salvar la esencia, lo que eres:
eximir esa parte del declive.

domingo, junio 26, 2016

Omertá

en los rincones agrios de la casa



No digas lo indecible.
Hay algo que no debe ser nombrado, es
más antiguo, más grande que nosotros, más oscuro; se acumula
en los rincones agrios de la casa, en los amarillentos retratos. 
Podemos callarlo juntos —si tú quieres—, hederlo
y escrutarnos los ojos después sin decir nada.


Vinieron especialistas del Estado a gestionarlo. 
Mostramos en silencio, nosotros, la familia, inofensivos. Era
complicado, dijeron,  incómodos en la cercanía de lo humano, 
evitando siempre cruzar nuestra mirada –el Estado—, sospechando…
Fue mejor callar.


¡Pero tú dices lo indecible, tocas lo intocable!  ¿Así pretendes
sobrevivir, ser  de provecho? ¿Quién va a significarse cuando caigas?
¿Quién, cuando pase de moda la verdad y tú vayas de auténtico y de puro?


Nadie. Calla y sálvate
porque a nadie le conmueve lo inaudito:  las palabras
indecibles de los otros, de nosotros, que retumban
en los rincones agrios de esta casa, 
en los amarillentos retratos.

sábado, junio 25, 2016

Mucho González, poco Ángel






Pidiendo ayuda a gritos en silencio
salía del poema hacia la calle.
Pausaba diez minutos en el atrio, así que remansara
la tensa inanición de la palabra.

La brisa del canal soplaba fresca.
Abría mis entrañas para olerla, sacaba un cigarrillo;
la noche transitaba sin esfuerzo, algún claxon lejano
manaba del rumor del universo.
Fumaba como un niño, libremente.

Tenía que decir mucho de ti.

De cómo desalojas la norma cuando pasas,
del mar de kriptonita en tus pupilas,
ese mohín cerval cuando calculas,
las trazas en idioma neardental si te ensimismas.

Tendría que decir, pero ya sabes
que hay mucho González, poco Ángel.


martes, mayo 03, 2016

Instante joven




En aquel instante joven el aire de la calle prendía nuestras risas
al bullicio que manaba del primer bar de la noche;
¡qué ojos pertinaces al deseo, qué fragua de sueños humeantes!
lejanos todavía nuestros cuerpos del áspero exterminio de los años.

¿No recuerdas dolernos de fruición ante un espejo,
la flor labial amarillenta, huyendo a su placer en la madrugada?
¿No recuerdas la carencia animal de perspectiva,
la ignorancia tenaz que nos salvaba y nos perdía?

En aquel instante joven, la delusoria mugre de lo serio aún no había
cubierto con su grasa las ideas, podíamos mentir tranquilamente
con esa lúcida inocencia que acaba desmintiéndose a sí misma,
molida de vergüenza ante lo cierto, presagios, condiciones….

¿No recuerdas fumar furtivamente, la casa de madera sobre el árbol
detrás del cañaveral, junto a la acequia
canalizando la brisa saturada de luz en la mañana
y no tener memoria libre ni criterio de amor para guardarlo?
¿No recuerdas deambular indistinguibles la vida y la inconsciencia?

Al punto de inconsciencia —dilo tú— que no hubo, en realidad,
instante joven, sino ahora,
en forma de nostalgia de lo incierto.

viernes, abril 15, 2016

Verboso alien


SoKo.  I thought I was an alien



      




 quisiera ser amor entre los muertos
                    Pilar Morte



Decía ya estoy bien y no era cierto.

Quedaste inserto en mí
como un verboso alien, como un quiste
okupa entre mis lóbulos frontales,
ciñendo tu presencia acurrucada,
más masa que recuerdo, más química que espíritu.

Devino un soterrar de pablos secos
después de tu inserción, como aquel viento
que entrara por otoño al bosque atónito
portando su otredad,
llevando cada hoja a suelo abierto.

Tu muerte tu invasión, verboso alien,
o tal vez fuera amor entre los muertos
que encuentra un recipiente vivo y dúctil
sin cauce que aliviar, así se llena el ciervo
del lobo yugular entre la noche.

Y un día terminó
-recuerdo la mañana esclarecida,
mi cuerpo en laxitud después del sueño,
oler café, oír a gente hablar y no eras tú-;
plegaste la neuralgia entre tus alas
y volaste a descansar hacia la nada.

viernes, abril 01, 2016

Un incidente en Velintonia

El lamentable estado actual de Velintonia. Calle Vicente Aleixandre, 3. Madrid.

Cierto día, Jaime Gil de Biedma adelanta su hora de visita a Velintonia 
[algo que a Aleixandre no le gustaba, dado el estricto horario que establece para recibir]. 
Para su sorpresa, es Carlos Bousoño quien, en albornoz, le abre la puerta.

La memoria de un hombre está en sus besos. Biografía de Vicente Aleixandre.
Emilio Calderón, 2016






Me abriste la puerta, y antes que cerrara sus ojos tu sorpresa
con un grueso sudario de cumplidos,
percibimos los dos la mordiente emanación de la violencia
del amor interrumpido, disputado.

—Jaime…— apenas una sístole jadeante,
el reflejo defensivo de anudar tu albornoz al acre olor a hombre,
un prosaico asomarte de burgués sobre mi hombro,
acaso al murmurar del cedro al viento,— ¿Cómo estás…?

—Carlos, ¿quién es? — la voz del redentor gemía dentro, lejos,
mullida todavía de placer,
caprichosa, ligeramente anciana, intransigente,
y tus ojos se encontraron por un tiempo con los míos,
callando las palabras, teorías, poesías…,
pidiendo nada más que compasión para los tres,
queriendo anegar en amistad nuestras quiebras respectivas.

— Ya sabes que yo siempre me adelanto— te dije,
y sonreímos.



miércoles, marzo 09, 2016

El amor que llevas dentro

Roger Sánchez. Another chance



Si pudieras calmar entre tus manos
el amor universal que llevas dentro
-tocar su impunidad, hacerlo cuerpo,
parar un autobús con su perímetro de años…

Amor que profesas a las calles animadas
y su gente. Si pudieras volcarlos todos dentro
del cráter de ansiedad que te perfora,
derretir su miedo en tu talento
especial,
regalarles un pedazo de tu vida de heroína,
sin bodas ni tacones, sin prisa que envejezca…

Amor que se ensimisma en un sujeto
pasivo. Si pudieras fundir su corazón monotarea
con el fuego de proyectos que le arrojas
sitiándole en la paz del ascensor
ametrallada de ilusión
-pero él frunce su pasmo, rumia hechos…

Si pudieras doblar tus emociones, cegarlas para luego,
tasar las cucharillas de amor que corresponden
en un remedio amargo  
y no endulzar paredes,
serías diferente:
un absurdo robot de protocolo
en un baño de aceite.


martes, marzo 01, 2016

La lógica del premio






Por último dijo el Dodo: “Todo el mundo ha ganado, y todos deben recibir premio”
Lewis Carroll. Alicia en el país de las maravillas.



En momentos de calma, sin afanes
que brocen el cauce de tu juicio, después
de la congregación alrededor del rito jerárquico del mundo,
en lecho dado a sombra, silencioso, en tibia soledad propicia
al ensayo furtivo del amor —su lasitud— y a los recuerdos,
asciende hacia tu rostro una antigua vergüenza amoratada,
un residuo calcinado de tu infancia.

No rindas a ella lo que fuiste, lo que eres, mas
dite que no pudiste ser humano de otra forma
sino aquella en la que el tiempo y el espacio se inhibían
en percepciones de tangencias insaciables: 
la tiza diminuta, la pizarra, el patio atardecido en la ventana,
el aura febril amarillento, cosido a la cabeza escrutadora del maestro,
clavada en una oscilación lejanísima de risas de colegio.

No digas hubiera hecho mejor
el tahúr de monasterio que tomaría luego el mando, años después,
cuando ya la sedición del crecimiento había desplegado su artificio
adaptativo, cuando el mazo ya estaba barajado y el reparto
esperaba tan solo el movimiento neutro de una mano.

No rindas, no digas, porque ahora 
tú sabes la verdad; sabes que nada
escapa de la lógica del premio:
si fuera para todos, mi amigo, no sería.

jueves, diciembre 24, 2015

Amado nervio

Amy Winehouse


                           Una estrella brillante en la alborada
                       con un pecio de luna en cada mano
                       y en el alma una inmensa cuchillada.
    
                       Josefa A. Sánchez.




Aquel niño era yo
-siempre rodar con las piedras-;
herido, como caballo de guerra,
como virgen tocada en el mercado.

Aquel refugio tú,
nervio de luz entre mi pena
-la tarde a pleno dios, la calle caudalosa de belleza-,
atento del besar su rama el aire.

Aquella verdad doliente:
la luz moría siempre, niño serio
-llorándose de la noche, huyéndose por sus rejas...
Quedaba el olor adulto, el vasto temblar del tiempo.

Adulto -niño podrido-,
conservo en amor mi nervio,
el mismo nervio amado que aquí muestro.





lunes, diciembre 14, 2015

Lo que guarde la noche



Roger liberando a Angélica.
J. Auguste Dominique Ingres 1819
 

A Óscar Distéfano, que dio vida nueva a este poema

Dispones de un préstamo de horas
para que un cuerpo externo te defina,
se adueñe de tu mano y te conduzca
al límite de ti,
al borde de la piel, para que saltes.

Digamos seiscientas treinta mil
doscientas quince horas, por ejemplo;
un crédito de vida innegociable
penado a consumirse en la trastienda
del mecánico amor que perpetramos
— la inercia que nos une y nos divide.

Es claro que no quieres ser mi perla
y dudas cuando puedes ser mi espina;
si no puedo ser yo quien te defina,
ve
y serás lo que de ti guarde la noche.



https://drive.google.com/file/d/0B5x512be6ynIaWN4NGFhRFBRTjQ/view?usp=sharing
 
 


viernes, octubre 23, 2015

Gestión

Antonio López. Los amantes

En Madrid, las tardes de calor,
se venden más los cuerpos que en invierno.

La calle es un erial de sueños agostados
y breve negociar, y rutinario.

El umbral de las columnas alienta un devaneo
susurrado y moroso, exento de requiebro.

Los plátanos consienten centenarios
el fácil deambular, el mundo raro...

Enrarecidos frescores de portales:
las palmas de las manos os desean -¿por qué suda el dinero?

Hálitos de brisa saturada
acarician cortinas de lino en las estancias,
lo tórrido desnudo entre luz hilo que pugna las persianas.

Resuellan voces ocres, pasos sordos, exhalan ascensores,
patios tragaluces digieren horas torpes.

La muerte del extático calambre
desata el verbo fácil -¿por qué la vida urge?

Pasar del desamor al desamor: gestión de nada.

https://drive.google.com/open?id=0B5x512be6ynIT1g2WkJmSU9ZY0E

viernes, octubre 16, 2015

Tu voz será semilla


a Julio González Alonso, con afecto

Siempre filtras la grana de la espiga,
el oro de la arena, el insondable
mar del alma, poética impecable
contra el grito, y adorno cuando abriga.

Tu luz espera abierta lo que diga
el alba que se nombre, inefable
vibrar de las palabras es la clave
que impregna de emoción tu voz amiga.

Tu voz. Será semilla para otros,
cosecha de Señor, domar de potros
que crean que la música es un ruido.

Será tu limpio estilo un alimento,
tu agua claridad para el aliento,
tu obra, amigo Julio, mi latido.

domingo, septiembre 20, 2015

Marrakech revisitado




Salías a la noche abiertamente,
al ver de las barandas, al cremoso
umbral de las columnas de poniente,
a cuerpos de ultramar, hachís leñoso.

Novicia del placer, tu carne quieta
dolía de ofrecer vaciamiento,
lampaba el corazón de sed secreta:
ser llena hasta las puertas del aliento.

Tu hogar en tierra extraña un basto lecho.
El ticket a tu alma un duro pecho.
El fuel de tu aventura la grandeza

de llegar al final, a un indudable
olvido de ti misma en tu proeza:
mesar la permanente a lo mudable.


martes, junio 23, 2015

Palabra boqueando


Era levada hacia la voz desde lo hondo
tras un moroso vértigo de error y probatura,
en una reluctancia de ancla fósil, en una
fundición de engranajes agonistas.

Era su tracto lóbrego y salvaje, palpitante como fósforo abrasado,
torcía su semántica un pasado de veces enfangadas,
legraba cualquier simple fonación el simple esfuerzo.

Era su tensa inanición realimentada
en un bucle cerrado de problemas
--volver a desunir, a desguazar la boca toda
era volver a derrotar hacia la sombra.

Era su eco último lo mismo que salir a una albufera:
quebrar el remo inhábil en la roca
y dejarse mecer por el agua y la luz en sus cabriolas.

Allí quedaba exhausta la palabra,
boqueando.


jueves, junio 11, 2015

Pobre cuerpo



De todas maneras, pobre cuerpo...
por ti, codicia, alma, lo que seas: afán nocturnal de maltratarlo.
La cuota de fruición ya goteando, pobre cuerpo, y sigues, ¡por tu alma!, borriquillo
desvainado de trotar con otros cuerpos.

Pobre cuerpo: apenas una brizna de claror moja  la estancia
¡allá se van tus ojos a horadarla!,
a clavar sus agujas en tu sien emborrachada por el alma,
a dejarse abonar en el dolor, ¡y cómo duelen!
los cartílagos de estar siempre acechantes,
los cinturones de grasa fermentados, las hueseras
cariadas de etanol  y decepciones.

Pobre cuerpo, error de la inexistencia;
trasiegas corazón sin esperanza y basta un buche
de belleza casual para que rompa a hervir toda tu savia. Basta el sueño
de dar paso a un eternal tu sacrificio
para que duermas tranquilo como un niño.

De todas maneras, pobre…
pobre cuerpo.



sábado, abril 25, 2015

Especulación moral sobre la batalla de Covadonga



Se levantaron los fundíbulos, se prepararon las hondas, brillaron las espadas, se encresparon las lanzas e incesantemente se lanzaron saetas. Pero al punto se mostraron las magnificencias del Señor: las piedras que salían de los fundíbulos y llegaban a la casa de la Virgen Santa María, que estaba dentro de la cueva, se volvían contra los que las disparaban y mataban a los caldeos. Y como a Dios no le hacen falta lanzas, sino que da la palma de la victoria a quien quiere, los caldeos emprendieron la fuga...


Crónica de Abelda


…no cesaron de atacarle hasta que sus soldados murieron de hambre y no quedaron en su compañía sino treinta hombres y diez mujeres. Y no tenían que comer sino la miel que tomaban de la dejada por las abejas en las hendiduras de la roca. La situación de los musulmanes llegó a ser penosa, y al cabo los despreciaron diciendo

«Treinta asnos salvajes, ¿qué daño pueden hacernos?».


Crónica de Al-Maqqari






No es bella la derrota, ni piadosa. 
Perdidos entre el miedo y el cansancio 
trepamos a la cueva tras la lucha, 
apenas diez mujeres, veinte hombres, si así puede llamarse a los vencidos. 

Bramaba en la distancia el verde valle, rebosante de tropas de morisca, 
al menos diez mil hombres, Al Qama a la cabeza 
—que Dios guarde en su odio—, 
agrupándose debajo de la cueva, convencidos 
del fin del reino Astur, sumido en treinta vidas lastimosas 
y una que juzgaban alimaña sobre todas: Pelayo, nuestro rey, 
nuestro caudillo: orgullo sobre orgullo sobre orgullo, 
creyendo que el orgullo sin prudencia forjaba los Arturos. 

Oramos a las brasas nuestros ruegos 
abrazando la cruz que nos quedaba, madero humedecido y macilento, 
encomendándonos a aquel que hizo lo mismo 
en soledad. 
Pelayo, pensativo, recorría la cueva sin descanso, 
acaso escudriñando la forma más señora 
de dar por terminada su vida y su reinado. De repente, 
por un hueco inaudito entre la roca, 
penetró un haz de luz iridiscente 
y fue a clavarse en él, en su pechera. Mudó paralizado y sin aliento. 

Levantamos la vista de los rezos, extrañados, 
y le vimos asentir transfigurado, como un santo; 
se despojó de sus armas y ropajes, sin dar explicación ni pausa alguna, 
conservando la corona en su cabeza, tal hábito de rey bastase al hombre. 
Con una seriedad inopinada,  cargó con la cruz su lomo desnudo, 
dobló su robustez al basto suelo, se puso a cuatro patas 
y comenzó a gatear hacia la puerta. 

Nos miramos los unos a los otros, atónitos de aquel comportamiento 
más propio de bufón que de monarca, 
más propio de comedia que de drama. 
Asomando la corona de la cueva, 
oímos tensar la arquería bereber, el hierro desvainarse 
ávido de carne bautizada. 
Salió nuestro señor a cuatro patas, desnudo como Adán, cabeza gacha, 
ensayando un rebuzno prolongado, como un asno, 
bufando y resoplando, la mirada vacía de la bestia. 
Sin duda la razón le había abandonado en aquel trance. 

La ráfaga de Alá quedó desconcertada. 
Un silencio inmóvil cubrió toda la escena, coloreado tan solo del rebuzno, 
grotesco retorcer de la quijada, torpes movimientos de rodilla ensangrentada. 

Sabido es el infiel de risa fácil; 
el crujir de cuerdas tensadas de los arcos 
quedó sustituido por grandes carcajadas. 
—¿Habéis visto a su rey? — reían todos— ¿Y cómo gruñirán los de calaña? 
Pelayo insistía en sus rebuznos, ahora con un ritmo, 
que pronto corearon con voces y con risas, con golpes chirriantes de escudo contra espada. 
Agachando su cabeza, el rey mordió la hierba, 
al tiempo que caía su corona monte abajo; 
alzó la dentadura negra en barro, con un nuevo rebuzno, 
redoblando las risas monstruosas. 
Volvió hacia ellos sus reales posaderas, en un tal movimiento, 
que su lomo torcido bruscamente llevó la cruz al suelo, 
para enorme regocijo de los otros, cuyo estrépito llenaba el valle entero. 


El eco trepó por la pared de roca vertical, enfrente de la cueva 
y el vibrar quebró su místico equilibrio. 
Oímos un crujido mineral 
y un reguero de piedras deslizándose hacia el río. 
Siguió un estruendo de bloques portentosos 
cayendo sobre el ejército de Al Qama, 
cortando la salida vista al valle, en una ratonera de lamentos 
sobre la que se debatió la furia de la piedra 
al menos lo que dura un padrenuestro. 

Después, un silencio prodigioso. 

Pelayo entró en la cueva a cuatro patas, sin ropas ni corona, 
sin cruz y sin orgullo, como había desembocado en este mundo. 
—Os aseguro— dijo, irguiéndose del suelo— que oiréis vivir a vuestro rey cuando esté muerto. 
Y siguió para orar solo y desnudo al fondo de la cueva. 

sábado, septiembre 27, 2014

La isla




Compréndelo:
no existe más que una palabra verdadera:       
no.
                                                           
Antonio Gamoneda, “Canción errónea”.

                                                             


La isla 

                                                                 a Rafel Calle 


Más tarde o más temprano 
sabíamos que el mar borraría nuestra isla; 
oíamos de noche su rocoso, freático discurso 
pudriendo el malecón, su leche negra 
fustigar los candiles de gas del belvedere. 

La antigua tradición celebrativa de invasiones 
aplacando al invasor en manso goce 
resultaba incestuosa para el caso: 
habíamos sumergido nuestros cuerpos, comido 
de su carne, soñado la calima naranja de su ocaso

Migrar fue descartado, somos tierra
haría falta líder y obediencia 
–moneda que sobraba en otras islas 
ajenas a la nuestra-, 
idealismo y rebelión ante la idea 
de que una isla menos no es tragedia. 

Quedó la aceptación, dijeron, 
                                              no era poco. 

Sentados en la grada exterior del barrio bajo 
esperábamos cada tarde que el sol se aniquilara; 
brillaban las láminas de agua entre los pies 
y oíamos aquel susurro grave repicando, 
tañendo la única palabra verdadera: 
                                                          no.

lunes, junio 30, 2014

Lo que te salva

¿Qué me salva?



A veces aún viene a enajenarte
la ambición de placer del heliogábalo, el recuerdo
abrasado –eras su único guardián–
del cráter fabuloso en rencor y anomalía.
Ahora ya sabes abrir para templarlo.

Es
    la intensa claridad de ser muy otro,
    la irónica distancia a los cañones,
    un bálsamo de años como olas
                                                  lo que salva.

Pero tú –erizado bulbo de memoria, frágil
sueño, barro ingrato– deberás digerir lo que te salva
y tragar la grasienta condena que lo abraza.

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