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sábado, septiembre 27, 2014

La isla




Compréndelo:
no existe más que una palabra verdadera:       
no.
                                                           
Antonio Gamoneda, “Canción errónea”.

                                                             


La isla 

                                                                 a Rafel Calle 


Más tarde o más temprano 
sabíamos que el mar borraría nuestra isla; 
oíamos de noche su rocoso, freático discurso 
pudriendo el malecón, su leche negra 
fustigar los candiles de gas del belvedere. 

La antigua tradición celebrativa de invasiones 
aplacando al invasor en manso goce 
resultaba incestuosa para el caso: 
habíamos sumergido nuestros cuerpos, comido 
de su carne, soñado la calima naranja de su ocaso

Migrar fue descartado, somos tierra
haría falta líder y obediencia 
–moneda que sobraba en otras islas 
ajenas a la nuestra-, 
idealismo y rebelión ante la idea 
de que una isla menos no es tragedia. 

Quedó la aceptación, dijeron, 
                                              no era poco. 

Sentados en la grada exterior del barrio bajo 
esperábamos cada tarde que el sol se aniquilara; 
brillaban las láminas de agua entre los pies 
y oíamos aquel susurro grave repicando, 
tañendo la única palabra verdadera: 
                                                          no.

lunes, junio 30, 2014

Lo que te salva

¿Qué me salva?



A veces aún viene a enajenarte
la ambición de placer del heliogábalo, el recuerdo
abrasado –eras su único guardián–
del cráter fabuloso en rencor y anomalía.
Ahora ya sabes abrir para templarlo.

Es
    la intensa claridad de ser muy otro,
    la irónica distancia a los cañones,
    un bálsamo de años como olas
                                                  lo que salva.

Pero tú –erizado bulbo de memoria, frágil
sueño, barro ingrato– deberás digerir lo que te salva
y tragar la grasienta condena que lo abraza.

miércoles, mayo 21, 2014

Corriendo a la Malvarrosa

Victor Cortezo, Blanca Pelegrín, Luis Cernuda, María del Carmen García Lasgoity, Manuel Altolaguirre y Mª del Carmen Antón, corriendo a la playa de la Malvarrosa en el verano de 1937



Manuel, tal vez sea mañana
la furia, la batalla, el fragor de las ideas o su exilio,
el oscuro desnudarse de las letras; pero hoy
seamos solo carne de la playa.

Seamos risas jóvenes y arena, que no coma la guerra
este ansia de cielo incalculable; rindámonos a Blanca,
sofocada de inocencia entre su cuerpo
y que nos gane Vitín a payasadas.

Dejemos que el levante nos contenga
y la mar nos alcance luminosos y las olas
lubriquen el deseo con salitre
-el líquido sagrado, el deseo, la lucha verdadera…

Manuel, serás olvido; pero hoy
seamos la bandera del recuerdo,
seamos la alegría corriendo a su cruzada,
hacia una playa cierta
donde acaudille el amor su ley sin moldes.


miércoles, abril 09, 2014

Migración adolescente

Las fuentes de todo



No pude desovar.
Aquello era el mar y esto es un río
-recodos de deseo, orillas de cotillas compitiendo,
agrietado pulmón de nieve sometida.

Crecí contracorriente de la norma:
eficaz entre las piedras de los rápidos,
trabado en los remansos,
mordiendo mil anzuelos descarnados.

Y siempre las esclusas,
las adultas esclusas que guiaban
a las fuentes de todo, a la pureza -era mentira-
del fresco manadero en la montaña
donde brilla la esencia, la ráfaga suprema.

Perdido en un manglar de condiciones
cosí con hilo triste mis agallas
y me dejé llevar por la corriente,
la dulce y anónima corriente,
con otros peces chicos como yo
y obtuve algún destello al sol de mediodía
y el don de distinguir la luz del nylon.

Pero nunca conseguí volver al mar
-aquel rumor de playa en tarde eterna.

viernes, marzo 07, 2014

Donde prime lo anónimo



                                                                                              Donde habite el olvido...
                                                                                                                   L. Cernuda




Allá donde los días sean largos
bastante para no cruzarse un alma,
donde migren los vivientes esfumados
después de una tragedia numerosa
y aquellos que bajaron a por lumbre en zapatillas
y nunca más volvieron,
ahítos de familia y de recuerdo.


Donde no haya que sudar explicaciones
ni comer cejas fruncidas, ni dientes travesura,
cuando aflore la pluma o la cojera,
sencillamente porque a nadie le interese
si el hombre es carne o es palabra, si la forma y la sustancia
se vienen desde el cielo o en patera.


En las vías extranjeras, donde un torrente humano
arrastre las memorias sangradas de colegio,
de trabajo, y sean todos rubios o morenos -pero otros-,
sin alguien que se guiñe entre la gente
codicioso de clavarte su tinglado, creyéndote
amigoparatodo, que una tarde
te vio furtivamente, clandestino,
merodear el placer.


En los barcos de niebla, donde nada
se vea desde el puente salvo el agua,
y no comparen lenguas ni destrezas,
ni porten pabellón ni sentimiento.
Y arribar a puerto griego una mañana.
Y poder respirar las calles blancas
sabiéndote borrado.


Allá, allá lejos;
donde prime lo anónimo.

domingo, marzo 02, 2014

Tara



La luz antisocial que me encañonas
es hija del silencio.
                              Yo deseo
mirarnos desde fuera para vernos;
                                                        tú
devanas perdición desde tu centro.



Espacios desnudos te designan
                                                 -calles negras,
conversaciones terriblemente congeladas,
la noche abovedada de orfidal
por cauces de llorar que nadie labra...
Tal es tu condición, loba del hambre.  



Dilatas las pupilas a la mera sugestión de paliativo
                                                                                ¿qué tienes
que llenar? ¿qué desiguales
potencias se diluyen en marjales
de rabia y privación, loba del hambre?



Te habría de matar
                              -morir yo mismo-,
o aprender a convivir con tus colmillos.

viernes, enero 10, 2014

Minuscálido






Igual que los demás,
hecho carne del mismo palabrar,
                                                   yo siento frío.


Igual en deseo, pero distinto
en los ojos -transitorios, escuetos al huir, ambivalentes-,
los altos bríos
y los vuelos -limitados.


Minusválida se muestra la ciudad
a mí, que soy yo varios y no sólo
jirafa con tortícolis, hiena seria o útil
receptáculo de escarnio solidario, sonreíble
también a mi razón -espejo de razones.


Diverso en los demás, minuscabado,
soy miedo a lo animal, a lo ex tribal; y caigo
                                                                      y sigo
cayendo a la sombra en soledad,
y dicen gran ejemplo, palpándose el reloj con impaciencia.


Bajo una cierta luz,
si vienes con calor valiente y libre,
                                                      yo siento frío.


Ya es hora de cambiar.

sábado, diciembre 14, 2013

La muerte te miraba todo el tiempo

 
 
La muerte te miraba todo el tiempo.
Tú eras su gran obra, racimo madurando,  
cosecha que segar llegado el día. 

Juntos ascendimos la colina;
                                              ella miraba
el agua de tus ojos posada en las columnas
de humo de los barrios sobre el valle,
tu cuello prenatal, pulsante y vivo... 


Inmensa, solitaria, cansada,  
en sombra de poder, ella miraba
como madre: sonrisa hasta llorar y tierno orgullo
bruñendo cada célula de tu cara con arrobo. 


Tus risas en la playa las oía
                                             de repente,
en medio de su
noche espaciosa de labor,
y volvía los viejos ojos blancos, como ciega,
abriendo la mandíbula de arrugas al oscuro,
cifrando cada timbre de tu voz,
el lácteo aletear de tus costillas. 


Pura, eterna, inamada, absorta en vastedad,
                                                                      ella miraba
                                                                                         como madre
tu bata de hospital, doblada y limpia,
la mota de polvo flotar sobre tu hombro en la ventana,
la gota detenida entre la luz, temblante y fría.


viernes, octubre 11, 2013

Venus entre látex



Alejandría ha venido esta noche a la piscina
                                                                      al borde del hotel.
Respira mi balcón calmado como lago,
huele a mástil de madera en verano y a tabaco.
                                                                           Oigo
el remo de una voz vertiendo Griego,
las copas diplomáticas del night club,
la plegaria traslúcida del agua.
                                             

Allá de los parterres, en autismo,
                                                      Venus entre látex,
erizada por brisas del estrecho,
congrega alrededor mi vida y mi recuerdo
-destellos subacuáticos perfilan
la carne del amor, la luz harina
                                                 gozosa de su piel.


La nada brotará para nosotros;
carcaj de mortero (o gas) para nosotros -¿esta noche?
                                                                                      No.
                                                                                           Aún
cimbrarán sus caderas en el lobby, queda tiempo
de amarlo y registrarlo
antes de cernirse el tsunami del olvido.


¡Que sea mi respuesta siempre así: la poesía!

martes, abril 23, 2013

Viador



Si la vía es angosta o transitable
sólo es, viador, tu decisión.

Verás desde el alcor la vía dorada
si doras cada piedra del sendero;
solaz de pueblo blanco y umbral fresco
si al oír la campana descabalgas.

Pupilas aceradas tras las rejas
serán francos portones si tus manos
son fáciles y exentas, si tu pecho
respira minucioso, si tus labios
le dan al aire limpio un verso viejo.

Tendrás tu crepitar, tu fuego interno
si avivas cada brasa en la vereda.
Y si te das entero y verdadero
sabrás del lento amor, la noche quieta.

Si la vía es angosta o transitable
sólo es, viador, tu decisión.

miércoles, marzo 13, 2013

Claudio en la casa de Menandro


Grato proclama a Claudio emperador
Lawrence Alma-Tadema, 1871






Acércate al caldario;
desnúdate de Roma y de Cartago
como si ya los bárbaros hubieran
limpiado las fronteras;
como si no se inclinaran los esclavos,
ni cónsules irónicos, riendo en el Senado,
gozaran del temblor de tus arengas.

Como si nadie hubiera descorrido la cortina
y fueras para siempre, adicto del escarnio ciudadano,
un cojo balbuciente
que ejerce de bufón en el mercado,
el asno que retuerce grotesco la quijada
a cambio de un bozal de pan y arenque.

Como si ya vinieran las cenizas
a taparnos, y una niña lavara sin pensarlo
polvorientos laureles de tus canas
y riendo enjugara tus mejillas
hinchadas de veneno consentido y sangre derramada.
Como si no fuesen tus ojos como sombras.

Tú, Claudio, que odiaste siendo dios, siendo tarado,
desnúdate de Egipto y de Britania,
como si entrase Germánico en el vaho,
desnudo también él de tantos años,
a librarte por fin de tanta Gloria
y supieras por él que aquellos muertos
esperan sin rencor
la extraña dignidad de tu caída.

lunes, enero 28, 2013

Labor de noche

El panteón de Concha Heres. Cementerio de Grado, Asturias. Foto de Alejandro Braña. www.asturiaspordescubrir.com




los hombres                
acabaron así               
como los días

J.J.M. Ferreiro

Perdido de verdín, ángel de mármol
que guardas un indiano mausoleo
-el trance de las almas al deseo,
la inquina del zarzal, la fe del árbol

de la palma, que dora tu blancor
rindiendo en gota frágil lluvia atea-,
¿recuerdas el bullicio de la aldea
que el aire transportaba?, ¿el amor

gimiendo entre las lápidas sus nombres?,
¿las mullidas esquilas de la sierra
que al oro de la tarde bendecías?

¿Recuerdas? Hace años... Ya la guerra
anda en labor de noche, ya los hombres
acabaron así como los días.





lunes, diciembre 31, 2012

Especulación moral sobre el Éxodo


         La décima plaga de Egipto
W. Turner
Era tarde mecida y polvorienta
y había que apurar. Ya el dios pagano
doraba la calígine del Nilo;
vacías las marismas ya de salmos,
volvían segadores y canteros en un torvo silencio,
con gesto demacrado,
alzando la mirada a su profeta orante en la colina,
dudando si pulir ya sus aperos
o rendir su noble tradición al blando olvido.

Matamos los corderos
sin gritos ni trabajo;
brotó sangre grosera y desganada,
con un color oscuro y desvaído
y extraño su sabor a piel de niño.
Quisimos de la ciencia del profeta
por dar un veredicto a aquel prodigio:
hierático bajó de la eminencia, absorto en su divino
algoritmo de hombres y de muertos,
apenas concediéndonos un ojo
brutal y decidido, al borde de lo humano.
Cerró su puerta en seco.

Untamos los dinteles y los postes,
temblando los hisopos en las manos.
Una brisa nacida del desierto crecía y se encrespaba
y sentimos el frío de Su amor,
la amarga sumisión de ser cautivos
de unos y del Otro.
Trancamos los umbrales y postigos
y oramos a las brasas nuestros ruegos
abrazando los ojos de los hijos,
temerosos nosotros los primeros
del ángel que vendría a liberarnos
-terrible igualador: lo mismo al Faraón que a la serpiente.


Fue mañana de luz intransigente
hiriendo nuestro sueño breve y negro;
salimos animales de las chozas,
nerviosos y cansados, a lo lejos
los primeros lamentos de las madres
ahogaban la ciudad,
ahogaron así mismo nuestros cuellos.

Emprendimos camino avergonzados,
en busca de otra tierra, de más libre alianza
que no nos obligara a ser eternos.

viernes, noviembre 16, 2012

El gusano de la duda


Después de haber sabido y transitado
caminos de rencor y anomalía
-como horada el arroyo sin cuidado
cuando rinde el invierno su sangría-,

después de haber amado y, en la noche,
haber yacido en tálamo caliente
-así con pluma tierna el alimoche
gobierna el nido íntimo y latente-,

después del deshonor y el desacato,
del miedo y del valor, la pena oscura
y el ancho amanecer -dulce proeza-,

tendrás que digerir un frío dato:
sólo queda el gusano de la duda,
el manso envejecer de la certeza.

lunes, noviembre 12, 2012

Un nombre distinto





                                 desleírse en unitaria lluvia
                                                       Ramón Ataz


Por razones que no vienen a cuento
usé un nombre distinto por un tiempo.


Amé con ese nombre,
adaptando el amar a sus contornos
viriles y cremosos.
Saciaba mis sentidos el oírlo traído de un gemido,
o bien en un sencillo razonar que no recuerdo.

Algunos adjetivos encajaron
mejor en ese nombre que en el mío
y otros desleían su color, caían a la lluvia
las columnas hastiadas de la farsa.


Ajeno a la ciudad me desnudaba
vestido de ese nombre, extraño de mí mismo.
Una voz de la calle lo nombraba
-abierto ventanal, bochorno tormentoso de la tarde-
y yo lo capturaba,
y ya no respondía de mi vida,
de todo aquel tinglado pegajoso.

Aquel nombre murió
incapaz de designar un cuerpo tardo,
cansado de luchar contra la inercia,
arrumbado al archivo de las sombras.

Por razones que no vienen a cuento
usé un nombre distinto por un tiempo.

sábado, octubre 13, 2012

Palabras hechas carne



 
Escucha, por favor.
Ya sé que cae la noche y tienes prisa;
ya sé que alguien te espera, de ti necesitando
que asientas sus heridas
y pueda acurrucarse entre su llanto.

Ya sé que estás cansado.

Que añoras tu niñez de pulmón rosa
y pinos de verano;
que vuelves cada tarde del trabajo
rumiando hipocondría, tentándote los bultos
que trepan al cubil de tus manías
disueltos en tranxilium y tabaco.

Pero ahora estás aquí, y es poco lo que tengo que decirte.

Escucha, por favor; no frunzas los prejuicios,
no busques solución a la empatía
en otras referencias parecidas que guardes de los años.
¡Tan sólo son palabras! Qué importa quién las diga
ni cómo las pronuncie,
si sólo somos eso: palabras hechas carne
y carne hecha palabras.

Escucha lo que tengo que decirte:
que no quemen tu carne,
que luches por el jugo de tu carne.

martes, julio 03, 2012

Fervor de Agrigento




Tu amor no vale nada.
Si muere, seguirá soleada la ciudad,
los cuerpos por la calle, los mercados
vibrantes del placer de lo posible;
la noche detenida en los portales.

Serán altos los cerros, como siempre,
lejanos los caballos,
sudarán mediodías las arcadas
como antes tú sudabas
la tarde derramándote en un vientre.

Dirás no vale nada
y seguirán los templos ofreciendo
la misma cella umbría,
la antigua proporción de mar distante
en hechos de los hombres,
el deseo moral de raciocinio,
el sueño del saber que explique todo.

Seguirán traficando las esquinas
mujeres de Catania,
muchachos bronceados como fieras
propensos a la risa y al comercio
y dirás no valió nada...

Así que podrás irte,
subir al primer barco en Porto Empédocle,
volver a la ataraxia mientras miras
las ruinas de ti mismo en la distancia.


miércoles, mayo 02, 2012

La casa de verano en primavera


La casa de verano en primavera.
El cielo laminado en cirrostratos.
Viento fresco gaviando la bandera, el mar esmerilado.
Las dunas ríen verdes. Tal vez vengas.

El ferry de Nador emboca el puerto
perdido de gaviotas; solías envolverlo
en una lejanía de ojos quietos,
en un amor de viajes
que abría tu apetito de sentencias.
Vivir ya es suficiente, me decías,
y yo no te escuchaba. Tal vez vengas.

Mañana encalaré.
Hender los imbornales del invierno, podar la buganvilla,
sanear las memorias del terrado,
saludar al butano y al pescado
-la dorada más fresca de la Historia.
Recoger el buzón. Tal vez no vengas.

El bar de la caleta quema incienso
haciéndose a la noche; solías adornarlo
con una poesía de trinchera,
con un temblar de labios
perlados de calimas del ocaso.
Mañana ya es bastante, musitabas,
y yo no me enteraba. Tal vez vengas.

Mañana venderé
la casa de verano en primavera
y así no habrá razón para que vengas.

lunes, octubre 24, 2011

Antropología en el metro


Observa neutralmente un ser humano
absorto en su minucia,
un joven ejemplar desconocido
de sexo diferente
que no pueda celar de tu escrutinio.

Intenta la abstracción, deconstruirlo,
no es más que piel y huesos, lo justo para un nicho.
Olvídate a ti mismo,
tu propia humanidad y tu cansancio
y asiste con pureza
al mayor espectáculo del mundo.

Observa la belleza de sus miembros;
tan delicadamente los músculos regulan
la grácil erección de la columna.
Sus ojos como lagos son perfectos,
registran distraídos volúmenes y espacios,
los símbolos y signos,
el vértigo voraz en estaciones.

Sus huellas acarician las texturas,
la barra de metal, el cuero del ropaje,
le aportan dimensión frente al entorno
-hay mito sexual, mas debes resistirlo.
Arriba su cerebro hecho de sueños
le guarda frente al miedo,
calibra la distancia de la muerte.

Las puertas se han abierto.
La última función del arte griego
se impulsa hacia la nada, hacia un torrente humano
concreto y societario, ahogado en intereses.
Y tú vuelves a ti, al rito personal…
Y no verás ya más a ese primate.

miércoles, septiembre 28, 2011

La última palabra



Tal vez hablen de ti cuando hayas muerto
anclándote a ese mal que ahora padeces,
terrible para ti, curioso para ellos,
o al lastre de tus obras, aunque nimias.

Los hijos de los hijos tal vez rocen
materia de tu mano, los vestigios:
un viejo manuscrito, el árbol pensativo
plantado en tu divorcio,
mecido en la distancia de sus noches.

Ellos devorarán tu desempeño
en esa forma impía tan humana:
aquí le sobró piedra, la historia avanza plana,
en esta pincelada anduvo incierto,
aquí pudo estirar más la metáfora...
En esas referencias vivirás
así el nombre insaciable vive al verbo
confinado a la escala de los grises.

Los nietos de los nietos llegarán
febriles por quemar todo pasado;
la última palabra sobre ti
será distraídamente pronunciada
como una luz de mástil
que sobra y que se apaga
y nunca más se enciende
y absorta permanece entre la calma.

Tal vez entonces sientas -si aún puedes sentir-
la gloria inconsistente de la nada,
tu pena disolviéndose en el alba.

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